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Y sin embargo pasa.
Otra vez el mar
y aquel extendido abismo
deja una partícula sobre la página.
Hay un juego de agujas en la esquina.
Un caballo que mira con un ojo.
Pero el mar no se acerca
y las flores
son un modo de acortar la lejanía.
Allá lejos la noche, la razón impenetrable del relámpago.
Afuera, casi en el horizonte hay un hombre
que ha perdido la lengua
y espera en el abismo
el tren de los sicarios.
La arena asciende y es tormenta.
A veces, una luz desnuda la mañana.
No siempre hay un culpable
y sin embargo pasa.
Alguien tiene que hablar de otra manera.
Dar vuelta lo que dicen para ganar espacio.
Algunas veces veo y otras de cabeza torcida.
Ando.
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